Melancolia

Desde lejos se empiezan a ver algunos destellos de luz. El frío se acerca al igual que los recuerdos, y con ellos, su fiel e inseparable amiga la melancolía. Empieza a llover. Y como de costumbre, no puedo evitar salir al exterior, y sin querer, salir también de mí, verme desde otro ángulo, desde otra perspectiva.

Mientras tanto, las gotas, poco a poco empiezan a abrazar al suelo, haciéndolo a los pocos instantes, llorar. E indirectamente ese olor, ese sentimiento, logra transportarme, diez, quizás ocho años atrás, a cada uno de los pequeños recuerdos que han formado parte de mi vida. Recuerdo mi niñez, y con ella, la felicidad y la tranquilidad de una niña que tenía como máxima preocupación jugar hasta encontrarse cara a cara con la saciedad.

Recuerdo momentos y personas que me hicieron feliz y desde hace un tiempo que ya no puedo sonreírles, abrazarlas. Recuerdo todo el tiempo que invertí preocupándome por cosas que hoy no tienen ni la menor transcendencia. Tiempo que, por el contrario, podría haber invertido yendo a dar un paseo con ellas, compartiendo camino, respirando un viento que todavía no olía ni arrastraba tristeza.

Recordando mis recuerdos… Ojalá no me hubiese quedado con las ganas

Estéis donde estéis, nos vemos pronto.

Mientras tanto, viviré intentando devolveros la vida.

Porque es cierto eso que dicen.

Solo muere quien es olvidado.

Existiréis para siempre, aunque sea en mi memoria.

Aunque nunca más os pueda ver, me acompañáis.

En cada paso, en cada caída.

Gracias por tanto.